El Capricho de Gaudí en Comillas: historia, arquitectura y visita
El Capricho de Gaudí es la única obra que Antoni Gaudí construyó en Cantabria, y una de las pocas que levantó fuera de Cataluña. Se alza en Comillas como una villa de veraneo de fachada orientalista, azulejos de girasol y una torre-mirador que se ve desde buena parte del pueblo. Casi 150 años después de su construcción, se puede visitar por dentro.
Esta guía explica quién la encargó, cómo se construyó sin que Gaudí llegara a verla nunca en persona, qué hay dentro y cómo organizar la visita hoy.
- Historia: el encargo de Máximo Díaz de Quijano
- Un proyecto dirigido a distancia
- Arquitectura: el estilo orientalista de Gaudí
- La torre-mirador y los detalles musicales
- El jardín diseñado por Gaudí y la estatua
- De residencia de verano a museo: casi 150 años de historia
- Qué ver en la visita por dentro
- Visitar El Capricho de Gaudí hoy
- Cómo llegar y dónde alojarse
- Preguntas frecuentes sobre El Capricho de Gaudí
Historia: el encargo de Máximo Díaz de Quijano
El edificio se llama en realidad Villa Quijano, aunque todo el mundo lo conoce como El Capricho por su aspecto exuberante. Lo encargó Máximo Díaz de Quijano, abogado indiano enriquecido en Cuba, aficionado a la música y a la botánica, como residencia de verano. Díaz de Quijano era concuñado de Antonio López y López, primer marqués de Comillas, y esa relación familiar fue la que puso en contacto al propietario con Gaudí: el arquitecto ya había trabajado en Comillas como ayudante en el Palacio de Sobrellano, la residencia del marqués, y había levantado allí un quiosco para una visita real en 1881.
Las obras se ejecutaron entre 1883 y 1885. Díaz de Quijano apenas pudo disfrutar de la casa: murió pocos meses después de terminarse, sin haberse llegado a casar y sin descendencia directa, por lo que la villa pasó a su hermana.
Un proyecto dirigido a distancia
Uno de los datos que más sorprende de El Capricho es que Gaudí nunca llegó a visitarlo en persona, ni durante la construcción ni después. El arquitecto diseñó el edificio y una maqueta en Barcelona, y delegó la dirección de obra en Cristóbal Cascante, compañero de carrera que trabajó siguiendo ese modelo. Es un caso poco habitual incluso dentro de la propia obra de Gaudí, que solía supervisar personalmente sus proyectos.
Arquitectura: el estilo orientalista de Gaudí
El Capricho pertenece a la llamada etapa orientalista de Gaudí (1883-1888), un periodo en el que el arquitecto se inspiró en el arte de Oriente Próximo y Lejano —India, Persia, Japón— y en el arte islámico hispánico, sobre todo el mudéjar y el nazarí. Es contemporáneo de la Casa Vicens de Barcelona, con la que comparte varios elementos decorativos.
La fachada combina franjas horizontales de sillares en tono ocre con hiladas de azulejo verde decoradas con flores de girasol, sobre muros de ladrillo visto y un zócalo de piedra almohadillada. El tejado, a dos aguas, está cubierto de teja cerámica. En planta, el edificio tiene forma de U y se organiza alrededor de un antiguo invernadero que Gaudí incorporó al conjunto, reservado a las dos grandes aficiones del propietario: la música y la botánica.
La torre-mirador y los detalles musicales
El elemento más reconocible del edificio es la torre cilíndrica de veinte metros de altura, con forma de minarete persa y revestida por completo de azulejo, que se alza sobre el pórtico de entrada. Desde su plataforma superior, protegida por una barandilla de hierro forjado, se divisa el mar Cantábrico.
La afición del propietario por la música se dejó ver en la propia estructura: las cenefas exteriores imitan un pentagrama, la barandilla de la torre tiene forma de clave de sol, y en el salón principal los contrapesos del sistema de ventanas correderas eran campanas tubulares que sonaban con notas distintas al abrirse y cerrarse. Son detalles que no se aprecian desde fuera y que forman parte de lo que explican las visitas guiadas.
El jardín diseñado por Gaudí y la estatua
Los jardines de la finca, de unos 2.500 metros cuadrados, también los diseñó Gaudí, aprovechando el desnivel del terreno para crear caminos y muros con piedra de la propia parcela. Se conservan prácticamente con su trazado original, incluida una gruta artificial construida con bloques de piedra sin desbastar. Frente a la fachada trasera hay una estatua sedente en bronce de Gaudí, obra del escultor Marco Herreros, instalada en 1989.
De residencia de verano a museo: casi 150 años de historia
El edificio fue declarado Bien de Interés Cultural en 1969, cuando llevaba ya décadas en abandono desde la Guerra Civil. En 1977 la última descendiente de la familia lo vendió, y en 1988 se reformó y abrió como restaurante. En 1992 pasó a manos de un grupo empresarial japonés, y el restaurante cerró años después. Desde julio de 2010 el edificio funciona como museo abierto al público, la etapa en la que se encuentra actualmente. En 2023, El Capricho fue elegido Mejor Monumento del Mundo en los Remarkable Venue Awards, en una votación popular con más de 50.000 participantes de todo el mundo.
Qué ver en la visita por dentro
La visita recorre las estancias de la planta noble: el vestíbulo hexagonal a los pies de la torre, la sala de visitas, el salón principal con su gran ventanal de guillotina, la sala de juegos con una galería semicircular pensada como fumadero, el dormitorio principal y el invernadero reconstruido, que hacía de regulador térmico de toda la casa. La decoración combina vidrieras de colores, artesonados de madera tallada y azulejo, con motivos vegetales y algunos animales, sobre todo aves.
El recorrido interior, sin prisas, suele llevar entre 45 minutos y una hora; las visitas guiadas, si se hacen, se extienden algo más.
Visitar El Capricho de Gaudí hoy
El Capricho abre al público prácticamente todo el año, con cierre solo en unas pocas fechas señaladas de invierno. El horario varía según la temporada, con jornadas más largas en verano, y el acceso al interior es de pago. La forma más fiable de organizar la visita es comprobar el horario, la tarifa vigente y la disponibilidad de entrada directamente en la web oficial, elcaprichodegaudi.com, donde también se puede reservar con antelación, algo recomendable en los meses de más afluencia.
Cómo llegar y dónde alojarse
El Capricho está en el centro de Comillas, junto al Palacio de Sobrellano, a poca distancia a pie del casco histórico y de la playa. Para la información completa sobre cómo llegar al pueblo, dónde aparcar y dónde alojarse, la guía completa de Comillas reúne todos esos datos prácticos junto con el resto de monumentos modernistas del pueblo, como el Palacio de Sobrellano y el cementerio con el Ángel Exterminador.
Preguntas frecuentes sobre El Capricho de Gaudí
¿Es la única obra de Gaudí en Cantabria?
Sí. Es una de las pocas obras que Gaudí proyectó fuera de Cataluña, junto al Palacio Episcopal de Astorga y la Casa Botines de León, ambas en la provincia de León. En Cantabria, El Capricho es la única.
¿Qué hay dentro de El Capricho de Gaudí?
La planta noble de la vivienda: vestíbulo, sala de visitas, salón principal, sala de juegos, dormitorio principal e invernadero, con su decoración original de vidrieras, madera tallada y azulejo. Hoy el edificio funciona como museo y se puede recorrer todo ese espacio.
¿Cuánto tiempo se tarda en ver El Capricho de Gaudí?
Entre 45 minutos y una hora para el recorrido interior sin prisas; algo más si se hace con visita guiada.
¿Quién gestiona hoy El Capricho de Gaudí?
El edificio es de titularidad privada desde que se vendió en 1977, y funciona como museo con visita y venta de entradas gestionada a través de su web oficial. Para cualquier información actualizada sobre la gestión o la propiedad, la fuente de referencia es elcaprichodegaudi.com.
El Capricho es solo una parada, aunque la más fotografiada, dentro del conjunto modernista de Comillas. Para completar la visita con el Palacio de Sobrellano, el cementerio o la Universidad Pontificia, la guía de Comillas lo reúne todo, y la guía de los pueblos más bonitos de Cantabria lo sitúa dentro de una ruta más amplia por la región. Para ver el resto de Cantabria, la guía pilar de qué ver en Cantabria es el punto de partida.
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